EL LIDERAZGO VALÓRICO
LA DOCTRINA INSTITUCIONAL PUESTA EN ACCIÓN
Nuestra historia y nuestra doctrina, son lo que ha permitido a Carabineros de Chile ser considerada como una de las instituciones de la República con mayor credibilidad ciudadana. Su profunda trascendencia para el progreso de nuestra sociedad se ha forjando gracias al ejercicio de un liderazgo único... Un liderazgo con nombre y apellido... un liderazgo valórico.
Por ello abordaré las características propias de un líder en el siglo XXI y el modo en que dichas virtudes deben ser asumidas por cada carabinero y carabinera, tanto en el ámbito profesional como en el individual, para cumplir a cabalidad con nuestra misión de servicio público.
Finalmente, pretendo delinear -en una breve visión personal- el concepto de Liderazgo Valórico que es, a mi juicio, la "forma de ser" del carabinero. Lo que los chilenos y chilenas esperan de nosotros.
Asumir este tipo de liderazgo es el modo más adecuado de cumplir con nuestro deber y de brindar seguridad, mediante acciones prioritariamente preventivas, en forma eficaz, eficiente, justa y transparente.
Liderazgo con historia y uniforme
La Doctrina de Carabineros se fundamenta en valores inherentes y esenciales.
Son reglas y normas de conducta que se entienden como básicas desde siempre. Seguimos estos principios porque somos seres humanos, hermanos de una misma tierra, herederos de una misma tradición, unidos por un mismo sueño...
Nuestros antepasados buscaron para nosotros la paz, el orden y la Patria; poniendo en juego muchas veces su tranquilidad, su comodidad, sus legítimos intereses, incluso su vida, para legarnos el país en que vivimos y la libertad que disfrutamos. En ese contexto, admitimos la grandeza de nuestra Institución y su Doctrina.
Les planteo entonces una pregunta que puede parecer trivial. Espero que cada uno de nosotros, especialmente los Aspirantes a Oficiales y los Carabineros Alumnos, se la hagan continuamente: ¿Por qué vestimos uniforme? ¿Para qué lo necesitamos?
La respuesta más evidente, entre muchas posibles, es que vestimos así para que la gente sepa que somos carabineros, para que la población pueda recurrir a nosotros ante la emergencia, la necesidad de protección, de información o de guía. El uso diario del uniforme, nos da Identidad, nos distingue entre la gente.
Cada mañana, cuando nos ponemos el uniforme, estamos asumiendo una responsabilidad y reforzando nuestra identidad como servidores públicos. Más aún, nos estamos vistiendo de líderes. Nuestro uniforme está para decir: ¡Atención!, aquí hay un carabinero. Aquí hay un hombre o una mujer que está a su servicio, que está dispuesto a dar la vida si fuese necesario, para defender su dignidad, su seguridad, sus bienes, su paz. ¡Este uniforme lo viste una persona que quiere servir a usted y su familia!, que quiere que todas nuestras familias sean más felices y estén más seguras.
¿Acaso cada uno de ustedes no lo sintió así la primera vez que vistió de verde? Yo lo recuerdo muy bien. Es un orgullo que mantengo por más de 35 años.
La razón por la que existe nuestro uniforme es que desde siempre se nos pensó como líderes ciudadanos, visibles y palpables. Como aquellos a quienes las familias y las personas recurren cuando esperan un apoyo concreto, cuando necesitan soluciones. Entonces, se nos mira y requiere como líderes.
Desde nuestro fundador, el General Carlos Ibáñez Del Campo, pasando por todos nuestros pioneros, nuestros mártires, nuestros maestros, nuestros instructores y todos los carabineros a lo largo de la historia; quienes hemos abrazado como razón de vida el otorgar orden y seguridad a la Nación, hemos sido parte de una tarea colectiva, que no busca el lucimiento personal, sino el honor de servir a la Patria y a sus ciudadanos. ¡Tenemos un pasado tan rico en lecciones, que nuestro futuro siempre será mejor que hoy!
Como lo he dicho en otras oportunidades, creo y reafirmo que el carabinero debe ser siempre una persona que demuestre juicio, prudencia y madurez en su actuar.
Debe ser una persona ponderada, una persona que entregue equilibrios. Un servidor que entregue soluciones a la sociedad y no uno que le cree problemas.
Una persona que esté dispuesta a escuchar, dispuesta a entregar el tiempo que sea necesario para buscar un camino de compañía y apoyo.
El carabinero está llamado a ser el primero y principal servidor de la comunidad que lo acoge. Debe ser parte de ella, debe avanzar junto a ella, compartir sus alegrías y colaborarle en los momentos difíciles.
La ciudadanía tiene derecho a recibir de nosotros una atención amable, rápida y deferente, fundada en la no discriminación y la protección de la dignidad de las personas, en el ejercicio de nuestra misión de servidores públicos.
Y repito, la única recompensa que esperamos es la satisfacción del deber cumplido, de la tarea hecha con excelencia. Porque estamos comprometidos en dar seguridad a todos los habitantes del país, privilegiando y profundizando permanentemente la acción preventiva, apoyándonos constantemente en un trabajo mancomunado con la comunidad y cercano a los vecinos.
Agrego, además, algo muy importante y que espero que todos los carabineros a lo largo de Chile lo tengan claro: para cumplir a cabalidad con nuestra misión también debemos buscar en la Institución nuestra propia realización personal, cumplir nuestros sueños y ser felices como carabineros.
La Institución será mejor si cada uno de nosotros vemos y aprovechamos las oportunidades que se nos dan. Es tan amplio el abanico de funciones que cumplimos, que estoy convencido de que cada uno de nosotros, con la cuota de esfuerzo y excelencia que debe caracterizarnos, tenemos aquí la posibilidad real de ver realizadas nuestras aspiraciones más íntimas ¡y así cumplir nuestros anhelos más legítimos!
Mi deseo es que la Institución sea un espacio para que cada uno de ustedes sea feliz como carabinero, se sienta realizado y se desarrolle en plenitud profesionalmente.
Ustedes son, ciertamente, muy importantes y tienen mi permanente apoyo y respaldo.
Creo que cada uno de ustedes se ganó el derecho a ser una buena persona cuando optó por ser carabinero. Día a día, lo podrán confirmar cuando sientan que han cumplido a cabalidad con su deber; es decir, cuando el trabajo haya sido bien hecho.
De este modo, si cada uno de nosotros demostramos que en Carabineros de Chile encontramos un espacio para desarrollarnos y ser felices, nuestras familias también compartirán esta propia condición. ¡Quiero que disfruten siendo buenos carabineros!
Gozamos de una historia rica en influencias y diversidad que, fundada en virtudes, alcanzó el cariño y la alta valoración de la ciudadanía, por el rol que cumple y la forma en cómo lo hace.
La comprensión del mundo y particularmente de la sociedad a la cual sirve, combinada con nuestra esencia, la disciplina del carácter militar, nos ha llevado a ser fuente de permanente innovación y avance, integrando nuevos procedimientos y tecnologías a nuestro actuar, elevando permanentemente los estándares y calidad de nuestro servicio.
Es por ello que, ya en 1962, fuimos pioneros en Chile al integrar a nuestras filas al personal femenino en igualdad de condiciones con el masculino. Y también fuimos los primeros a nivel latinoamericano, a fines del siglo pasado, en tener una mujer con el grado de general.
Aquello es una pequeña muestra de cómo Carabineros se va adaptando a las dinámicas, fenómenos y tendencias sociales imperantes, lo que también sucede en el ámbito del perfeccionamiento, manteniendo -eso sí- inalterable nuestro patrimonio doctrinal.
La sociedad y el mundo nos deparan siempre nuevos desafíos, profundas pruebas, enormes llamados a ser dignos de la valentía y el honor de quienes nos antecedieron. Nuevos comienzos que debemos enfrentar con iguales valores.
Asumimos hoy, igual que siempre, estos desafíos con la máxima responsabilidad y buscando perfilar en cada carabinero al líder que la población espera ver en nosotros: el primer servidor, el mejor consejero, el hombro apoyador, la ayuda desinteresada.
Ya en pleno siglo XXI, nuestro liderazgo se nos presenta con nuevos y más complejos desafíos.
Liderazgo del siglo XXI
Los autores que abordaron la temática del liderazgo en el siglo XX consideran que una de las tipologías más básicas del liderazgo se basa en tres variantes simplificadas:
- El líder autócrata, que es aquel que dirige, motiva y controla al subalterno, porque en el fondo cree que sólo él es competente y capaz de tomar decisiones importantes.
- El líder participativo, aquel que utiliza la consulta para practicar el liderazgo. No delega la toma de decisiones, pero consulta sus ideas antes de tomarlas.
- El líder liberal, el que delega en sus subalternos la autoridad para tomar decisiones, esperando que sus subalternos asuman la responsabilidad, aunque ello implique poco contacto y apoyo para sus seguidores.
Desde luego, existen diversos grados de combinación de estos tipos de liderazgo en cada persona.
Durante muchos años, los expertos consideraron que uno de estos estilos era mejor que otros. Unos promovían con entusiasmo el liderazgo participativo y otros defendían el autócrata.
En la actualidad, la mayoría coincide en que cada realidad, cada espacio y tiempo son los que determinan el tipo de liderazgo apropiado. Es decir, parte del arte de los conductores del siglo XXI es poseer un alto grado de flexibilidad y adaptación, del que deben hacer gala para mantener una posición de guía.
Ser líder en el mundo de hoy es tener el criterio versátil para aplicar en cada situación adecuados grados de escucha y mando, de serenidad y acción, de reflexión y toma de decisión.
Lo primero que sabemos del líder, en consecuencia, es que sólo podemos describirlo cuando lo vemos actuando adecuadamente ante una situación que requiere de su participación.
También sabemos que la única visión que seriamente podemos acoger es la de distinguir al líder por ser alguien que tiene seguidores, personas que se comprometen con su misión y su visión para abordarla y que convocan a otros a sumarse a ellos.
Existen grandes pensadores, buenos jefes y mandos adecuados. Todos ellos son importantes y necesarios. Pero si no son capaces de convocar a otros, de lograr adhesión y compromisos genuinos, para que otros hagan lo correcto, no pueden llegar a ser líderes.
Un líder no es alguien a quien sólo se le quiera o admire. Es alguien que tiene seguidores que son capaces de hacer lo que es debido. La popularidad por sí sola no es liderazgo; lograr efectos reales y duraderos en la sociedad en la cual se desenvuelve... ¡eso sí lo es!
Los líderes son visibles, son evidentes para su entorno y por ello también tienen la capacidad de dar buenos ejemplos. ¡El liderazgo no es rango, grados, títulos, ni menos privilegios! El liderazgo es, ante todo responsabilidad, asumir como propios los desafíos de la comunidad, hacerse responsable por sus obras y sus actos.
Estudiosos del liderazgo1, después de estar observando por más de cincuenta años el desempeño de líderes en diversos ámbitos, señalan que existen algunas características inequívocas que permiten distinguir con cierta facilidad a una persona que ejerce su liderazgo. Estas observaciones podrían resumirse del siguiente modo:
- Los líderes, cuando abordan una tarea o un problema, nunca comienzan por preguntarse "¿qué es lo que quiero?" Por el contrario, los buenos líderes comienzan por preguntarse "¿qué es necesario hacer?".
- Ante lo que es necesario hacer, los líderes se preguntan "¿qué puedo y debo hacer yo?". Entonces el líder siempre tendrá una acción que es necesaria de acometer, que depende de él mismo y es aquello en lo que él mismo es más útil y eficaz. "¿Qué requiere de mi esta situación?", es la pregunta del líder.
- Los líderes se preguntan constantemente por la misión y los objetivos de la organización a la cual están sirviendo, y jamás pierden de vista los resultados que la organización busca. Es decir, se ponen al servicio de algo más grande y más importante que ellos mismos.
- Los líderes son extremadamente tolerantes con la diversidad de las personas y no buscan copias de sí mismos. El líder no se pregunta si le gusta o le cae bien una persona. El líder está más pendiente de los resultados y de las obras. Ante lo que sí son intolerantes los líderes, es ante las faltas de criterio o la transgresión a los valores.
- El líder no teme a la fuerza o la brillantez de sus colaboradores y subalternos. Por el contrario, se enorgullece de contar con gente capaz, incluso más capaz que él mismo en algún ámbito. Lo hayan oído o no, los líderes buscan implementar en vida el epitafio que un destacado filántropo escocés2 quería en su lápida: "Aquí yace un hombre que atrajo a su servicio a personas mejores que él mismo".
Estas no son recetas para ser líder, sino el resultado de la observación de la conducta innata de muchos líderes a lo largo de la historia.
De un modo u otro, los líderes se someten permanentemente a la "prueba del espejo". Es decir, se preguntan si la imagen allí reflejada es la clase de persona que quieren ser, respetar y en la que quieren creer.
Quizás en este punto nosotros podríamos empezar a preguntarnos, antes de iniciar cada jornada, qué tan dignos estamos siendo de vestir el uniforme que llevamos.
Ese es el examen de conciencia que debemos, como Carabineros, hacernos todas las mañanas y el resultado debería ser:
Primero, que sintamos orgullo de vestir este uniforme.
Segundo, que tengamos la firme convicción de que nuestra historia y nuestra Doctrina Institucional, constituyen el mayor patrimonio que tiene Carabineros de Chile; y tercero, que debemos ser la expresión viva de un liderazgo distinto, un liderazgo noble... un liderazgo con valores.
Carabineros y su liderazgo valórico
¡Creer en uno mismo es el único modo de liderar a otros! Y sólo un adecuado equilibrio entre esa confianza en si mismo y un sentimiento de humildad genuina permite aceptar que también se puede estar equivocado, que otros también pueden tener ideas y que escuchar es tanto o más importante que hablar.
El líder, especialmente el carabinero líder, debe amar a las personas, tener mucho cariño por su comunidad, por su familia, por su entorno y por la naturaleza. Porque aquellos a quienes las personas o su entorno no les importan,
pueden ser obedecidos, pero jamás serán seguidos, jamás podrán ser líderes. Es decir, el carabinero líder es aquella persona cuya acción se guía por los valores y la doctrina que inspiran a nuestra Institución y que tienen como centro la paz social.
Consecuentemente, el Liderazgo Valórico es la forma concreta y práctica en que día a día ponemos la doctrina institucional al servicio de la comunidad, de nuestras familias y de nosotros mismos.
Este es un liderazgo que se ejerce a diario, dentro y fuera de la Institución. Líderes desde el servicio a otros, asumiendo que sólo con nuestro esfuerzo, por la eficiencia y eficacia de éste, seguiremos manteniendo la confianza de la población para cumplir con nuestra misión.
Este Liderazgo Valórico de Carabineros de Chile tiene dos vertientes principales.
De un lado, nuestro liderazgo se nutre del profesionalismo con que cumplimos nuestra misión. En cada época nos hemos preparado para responder a las exigencias de la sociedad con conocimientos legales y procedimientos en constante innovación. Esa es la primera vertiente.
La segunda es nuestra Doctrina e Historia Institucional, las cuales nos entregan el marco ético que rige nuestras actuaciones y que, básicamente, nos permiten identificar si traspasamos a la práctica el virtuosismo que de nosotros se espera.
En esa perspectiva, la confianza que la comunidad deposita en nosotros es señal inequívoca que asume como básica esa conducta.
Y es que la ciudadanía no sólo quiere y espera que hagamos bien nuestro trabajo, que seamos eficaces y eficientes. Espera que seamos buenas personas y buenos carabineros, y que tengamos la autoridad ética y el liderazgo necesario para representar el orden y la seguridad.
Únicamente ante la presencia conjunta y armoniosa de ambos aspectos, la excelencia profesional y la virtud personal, estaremos correctamente orientados en nuestra misión de contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.
Para Carabineros, las dimensiones técnica y ética de nuestro quehacer se potencian mutuamente. Son la base de su liderazgo y el fundamento de nuestra cultura organizacional.
Es cierto que un comportamiento correcto es lo que se espera en las más diversas áreas del quehacer nacional. Sin embargo, en ninguna otra actividad es tan fundamental que las personas se atengan a un marco ético y valórico como lo es en la nuestra.
Dado que la función de Carabineros es hacer cumplir y respetar la ley, la principal herramienta de quienes vestimos este uniforme es poseer la fuerza y convicción para cumplir esa misión.
Es la tranquilidad de conciencia derivada de hacer lo correcto y de exigir el cumplimiento de aquello que debe respetarse y que, principalmente, nosotros también respetamos. Dicha fuerza y convicción, que gracias a nuestra historia nos es reconocida por la ciudadanía, es imprescindible para la legitimidad social de la autoridad que nos ha sido conferida, para asegurar el orden y la seguridad.
Por ello, debemos ser personas íntegras, y poner toda nuestra atención en conquistar corazones y abrir mentes que colaboren en la búsqueda de la paz y la seguridad para toda la Nación.¡Debemos ser líderes al interior de la Institución y fuera de ella!
Debemos también ser líderes en el mando y la obediencia. En los distintos roles, grados y jerarquías que nos toca ejercer: en lo académico y educativo, en el servicio en la población o cuando nos desarrollamos en una especialidad o en las unidades de destino.
Debemos ser líderes, también con igual énfasis, en nuestras unidades contables, en nuestra Dirección de Justicia, tanto en la asesoría legal como en la defensoría jurídica, en nuestra Dirección de Salud, en las especialidades médicas y dentales, en el Departamento de Veterinaria y Remonta, como también en el ejercicio del rol preventivo, en el de Control del Orden Público, de Solidaridad Social y de Integración Nacional.
En las comisarías, en los planteles de educación, en las reparticiones especializadas, en los servicios de apoyo. En suma, en toda la Institución.
Parte del liderazgo es tomar el mando como un ejercicio de humildad, de ampliación de esos liderazgos.
¡Mandamos porque estamos haciendo un servicio! Y cuando lo hacemos así, mandamos con criterio, con prudencia, con humanidad, con alegría. Y obedecemos porque así contribuimos a la misión común, y lo hacemos con voluntad y real dedicación, además de convicción.
Mandamos con confianza en nuestra gente, porque cuando depositamos confianza genuina ésta no es traicionada y se responde con la verdad. Cuando damos responsabilidades y autoridad, recibimos un servicio de mayor excelencia. El mando se fundamenta en que un suboficial, un teniente, un general, no pueden hacerlo todo solos, dependen de una institución jerarquizada, de hombres y mujeres dispuestos a servir y obedecer en beneficio de la población.
Para dirigir un grupo humano, hay que saber a dónde llevarlo, y por tanto el rol del mando implica la capacidad de establecer metas realistas y objetivos ambiciosos. Sin una meta clara, ningún esfuerzo será suficiente; sin un objetivo mayor, ningún grupo llegará a desplegar todas sus capacidades.
Y como toda autoridad debe merecerse, debemos reconocer la necesidad de que los mandos concedamos a nuestros hombres y mujeres el tiempo y espacio para demostrar lo que valen.
Los líderes crecen en el camino de la experiencia. Esto tiene máxima importancia para quienes tenemos el privilegio y la responsabilidad de ejercer el mando policial. Practicar este mando como un servicio significa dar espacio a nuestros subordinados para ejercer sus propias acciones.
Desplegar creatividad e iniciativa, tomar sus propias decisiones en el ámbito de su competencia y hacerse responsables de sus propios espacios. Sólo eso los llevará a ser líderes y también ejemplo y espejo en la vida privada, con la familia y en el barrio.
Lo dicho es fundamental para el ejercicio de nuestra principal función: la preventiva. De poco servirían nuestra presencia y nuestro despliegue preventivo si no tuvieran el aval de una ciudadanía que, cuando se encuentra frente a nuestro uniforme, asume que está frente a un carabinero honrado, insobornable, abnegado, solidario, prudente y justo.
Todo el profesionalismo, el perfeccionamiento y la innovación que hemos construido en nuestra Institución perderían sustento y legitimidad sin la vertiente ética. Por ello es que hemos sido y seremos siempre estrictos e implacables frente a aquellos que vistiendo nuestro uniforme se aparten de nuestra Doctrina.
El camino está claro: a aquellos que formando parte de esta Institución transgredan la ley, les esperan la expulsión y la sanción de la justicia. Repito: ¡la baja y lo que los tribunales determinen! Pues ese es el único destino posible para quien traicione nuestra doctrina, nuestra ética y con ello mancille nuestro uniforme.
Porque aquellos que se apartaron del correcto camino, traicionaron a sus familias, a sus amigos, a sus camaradas, pero sobre todo, a si mismos, son personas que malentienden la lealtad y tratan de fundar un falso concepto de ella entre sus compañeros, olvidando que la lealtad es un deber y un compromiso asumido ante sus superiores, sus pares y sus subalternos. ¡Por tanto jamás podrá ser una justificación!
¿Por qué ocurren hechos reprochables? felizmente muy pocos. ¿Hubo fallas en la selección? ¿La etapa de formación fue insuficiente? ¿No se aplicaron los mecanismos de control? ¿Cuán responsable somos todos, cada uno de nosotros, en la génesis de estos sucesos?
Estas son interrogantes que permanentemente debemos hacernos. Estos hechos nos deben alentar a obrar siempre con rapidez, con fuerza, con energía y con la mayor transparencia posible.
La respuesta personal que tengo para estos actos, es que en todos ellos se perdieron o se olvidaron nuestros valores y principios.
Si la sociedad espera de nosotros un trabajo decidido, una conducta decidida e incorruptible y una entrega total en la búsqueda de seguridad y paz, esta tarea sólo puede afrontarse a través de una acción profesionalizada, de excelencia, ejercida dentro de una concepción ética sólida. Eso es lo que simboliza nuestro uniforme. Y por eso el rol de todo carabinero implica el ejercicio de un liderazgo que, fundamentado en la Doctrina, es en esencia un Liderazgo Valórico.
Sólo así podemos explicarnos el comportamiento de carabineros que, todos los días a lo largo de Chile, están haciendo patente el Liderazgo Valórico que significa ser carabinero, como estoy seguro lo haría cualquiera de ustedes en las circunstancias específicas a las que debiera enfrentarse.
¿Qué fuerza vocacional inspiró al Jefe del Retén Bahía Mansa quien, mientras disfrutaba de un día de descanso con su familia, el primero de enero de este año, se lanzó valientemente a las aguas de río Rahue para salvar a un joven que en ese momento se ahogaba?
El mismo acto de heroísmo, con otro bañista, realizaron en las playas de Caldera dos carabineros del Retén Temporal Barranquillas.
¿Qué pasó por la mente de un oficial la Navidad pasada, cuando se encontraba de franco, al evitar valientemente el robo de una sucursal bancaria deteniendo a uno de los delincuentes?
¿Qué impulsó al matrimonio compuesto por dos Cabos 1º, que también estando franco, el 29 de diciembre, impidieron el asalto a una farmacia y detuvieron a la banda de delincuentes? ¿Cuál es la lección de estos testimonios?
Estos ejemplos de acciones éticas y valerosas de carabineros realizadas con impecable profesionalismo son testimonios reales de la puesta en práctica de la doctrina institucional y del ejercicio del liderazgo valórico en la calle, en la población.¡La calle nos pertenece y nunca la debemos perder!
En la calle siempre debemos marcar y mantener nuestra presencia. Porque la calle es el espacio natural y vital donde el ejercicio del liderazgo valórico encuentra su máxima concreción y donde se desarrolla la función policial.
Entonces, no olvidemos nunca que el trabajo en la calle es y debe ser siempre la razón de ser de nuestra vocación y de nuestra realización como carabineros. Eso es lo que la comunidad espera y más exige de nosotros: ¡Presencia! ¡presencia con resultados!
Por lo tanto, para el Alto Mando la función de una Comisaría, Subcomisaría, Tenencia o Retén, siempre será muy importante.
Cada día, muchos carabineros realizan acciones similarmente destacables. Por eso es tan relevante el conocimiento y apego a nuestra Doctrina Institucional. ¿Cuántos de los que estamos aquí la conocemos realmente? Cuando digo "conocemos", me refiero a mucho más que haber leído o memorizado el texto, sino que a comprender sus distintos contenidos y principios rectores.
Es la experiencia surgida al enfrentar conflictos que ponen a prueba nuestras facultades de discernimiento, de identificar con claridad lo correcto de lo incorrecto, que nos hacen entender lo imprescindible de contar con un marco ético. Ello, nos hace valorar en todo su mérito la historia y la doctrina de Carabineros de Chile.
Esta visión es la que justifica que en diciembre se haya modificado el nombre de la Dirección de Educación por el actual Dirección de Educación, Doctrina e Historia de Carabineros de Chile.
Creemos que en el camino de hacer cada día más patente y presente esta doctrina, base del Liderazgo Valórico de Carabineros de Chile, debemos comprometernos más profundamente con el permanente desarrollo y motivación de la conciencia proba de todo nuestro personal, junto con el fortalecimiento constante de las buenas prácticas operativas y los buenos hábitos éticos.
Conclusiones
En suma, desde hoy los invito a participar en un nuevo desafío: realizar un esfuerzo adicional en la formación, conocimiento y aplicación de los principios, valores y virtudes institucionales. Sólo así podremos ser los líderes que nuestra sociedad quiere y necesita.
He intentado plantearles lo que nuestra Institución requiere, para cumplir mejor su misión: que cada uno de nosotros nos propongamos ejercer un Liderazgo Valórico.
Por eso, quiero hacer un llamado muy especial a los apreciados maestros de nuestros planteles institucionales: reflexionen sobre el significado y ejercicio del Liderazgo Valórico. Discutan, investiguen, escriban, generen y difundan su conocimiento.
Vuelvan a revisar la Doctrina Institucional a la luz de este planteamiento y provean a la Institución de nuevas orientaciones para trasladar esa doctrina a la acción y a la práctica de los futuros líderes que hoy se están formando.
¡A los jóvenes Aspirantes a Oficiales y Carabineros Alumnos! sean inquietos, siéntanse orgullosos de vestir el uniforme, pero busquen lo que hay detrás de sus símbolos y sean dignos de él. Trabajen su liderazgo, crean en ustedes mismos y confíen en que pueden estar entre los grandes de nuestra historia. Sepan que en la Institución todo está dado para ustedes. Pues si ponen suficiente esfuerzo y dedicación, en este gran cuartel se abrirán miles de puertas que los llevarán a cumplir todos sus sueños.
Y a los Oficiales, Suboficiales, Sargentos, Cabos y Carabineros de todos los escalafones que están en el servicio diario, en las reparticiones, unidades especializadas, en las comisarías y a lo largo de todo el país, como también a los hombres y mujeres en funciones de apoyo al propósito institucional. ¡Sean ejemplo y guía!
Que la doctrina de nuestra Institución se plasme en cada una de vuestras acciones. Porque si lo hacen, si llevan la doctrina a la práctica, estoy seguro de que cada uno de ustedes será un líder en sus respectivos ámbitos, un líder que represente valores positivos para toda la sociedad.
¡Ese es el Liderazgo Valórico! La Doctrina de la Institución puesta en acción.
Y para dejarlo más claro aún. El Liderazgo Valórico nos permite nutrir el árbol de nuestra vocación, permitiéndole dar buenos y mejores frutos.
Antes de finalizar, quiero enfatizar la idea del uniforme. Ese uniforme que nos distingue de otros, simbolizando y resumiendo todo el contenido que he destacado de nuestro liderazgo.
Porque al final del día, esperamos que nuestra persona en sí misma sea una expresión viva del Liderazgo Valórico, a través de buenas acciones en beneficio de ciudadanos, subalternos y familiares.
Así, cuando llegue el día de colgar el uniforme, éste será aún más respetado y admirado por la ciudadanía; y en la hora del relevo, las nuevas generaciones se sentirán comprometidas a ser mejores líderes y mejores servidores públicos.
Esa es la invitación que he venido a hacerles: ¡sean líderes, sean líderes con valores, líderes consecuentes en alma, mente y corazón!
GENERAL DIRECTOR
CARABINEROS DE CHILE
EDUARDO GORDON VALCÁRCEL

